<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://ardemadrid.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>ardemadrid</title><description>&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;font size="3"&gt;"Arde, Madrid, Arde"&lt;/font&gt;&lt;/em&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br&gt; follet&#xED;n subversivo de ciencia-ficci&#xF3;n escrito a cuatro manos, varias neuras y muchas cervezas por los autores Robert D. Paz y Tony Fuentes, dos tipos porn&#xF3;filos con alma de asfalto y aliento a alcohol, dos seres insignificantes en suma, que desear&#xED;an poder daros m&#xE1;s informaci&#xF3;n acerca de ellos y de la g&#xE9;nesis de la obra que este blog alberga, pero que por culpa de diferentes individuos e instituciones, todos ellos f&#xE1;cilmente reconocibles y en teor&#xED;a respetables que han amenazado con "joder vuestras putas vidas" (transcripci&#xF3;n literal de una llamada tel&#xE9;fonica efectuada el Domingo 21 de Octubre al m&#xF3;vil de Fuentes) si nos extendemos en este apartado, no podr&#xE1;n hacerlo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;As&#xED; que, con vuestro permiso, nos mantendremos en un cierto casi-anonimato.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;S&#xF3;lo esperamos que podamos terminar esta mierda antes de que nos maten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paz.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;</description><link>https://ardemadrid.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>3. NACIDO DE LA MUERTE</title><link>https://ardemadrid.blogia.com/2007/120401-3-nacido-de-la-muerte.php</link><guid isPermaLink="true">https://ardemadrid.blogia.com/2007/120401-3-nacido-de-la-muerte.php</guid><description><![CDATA[<p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">No puede ver su rostro, pero sabe que el proyectil ha encontrado la cabeza. La bala atraviesa la frente de una mujer a medio vestir con un colorido traje tribal, y el reci&eacute;n nacido que porta en brazos cae al suelo. La aldea comienza a ser devorada por las llamas. Llamas provenientes de los mism&iacute;simos pozos del infierno que una vez m&aacute;s se han materializado sobre la tierra ocre de &Aacute;frica. Carreras, gritos, disparos y hombres vestidos de verde movidos por una furia psic&oacute;pata. Hombres de piel negra, paramilitares con dientes blancos y ojos inyectados en sangre que portan la infamia en forma de rifles sobre sus brazos, preparados para ejecutar &oacute;rdenes. El beb&eacute; yace indemne e ignorado en el suelo. Mueve las manitas y llora desesperadamente demandando protecci&oacute;n, pero nadie repara en &eacute;l. Tiene el rostro ungido con la oscura sangre que ha salido ansiosa de la frente de su madre unos segundos antes. No es m&aacute;s que otra criatura nacida de la muerte que se aferra a la vida.<span>&nbsp; </span></p>&nbsp; <p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Repentinamente Abedie abre los ojos, toma aire como un naufrago que sale a flote y se incorpora sobresaltado. Est&aacute; empapado en sudor y el coraz&oacute;n le late desbocado en el pecho. Se obliga a respirar con normalidad y se queda un instante quieto, en silencio, atento a los sonidos que le llegan amortiguados por las paredes del cuarto. Nada, no hay ni rastro de los kalashnikov. Todo ha sido otra maldita pesadilla.</p>&nbsp; <p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Se limpia el sudor que le perla la frente con el dorso de la mano, y se restriega los ojos para exorcizar de su mente los &uacute;ltimos restos del angustioso sue&ntilde;o. Nunca pudo conocer a su madre, nunca ha visto una foto suya, pero en cambio sue&ntilde;a con ella casi todas las noches, aunque tampoco en sue&ntilde;os puede ver el rostro de la persona que le trajo al mundo. El despertador marca las tres y media de la tarde. Podr&iacute;a aprovechar la cama media hora m&aacute;s, pero lo &uacute;ltimo que le apetece es cerrar los ojos y quedarse otra vez a solas con sus recuerdos; o con la ausencia de ellos. Se levanta de la cama y se observa desnudo en el viejo espejo que pende de la pared. El metro noventa de cuerpo que se refleja es espectacular, y m&aacute;s teniendo en cuenta que Abedie nunca ha hecho deporte como tal. <span>&nbsp;</span>Por supuesto que ha realizado esfuerzos f&iacute;sicos, incluso m&aacute;s de los que le hubiera gustado, pero siempre ha sido para satisfacer las necesidades m&aacute;s apremiantes: comer y sobrevivir. El concepto occidental de deporte como divertimento o como imposici&oacute;n social carece de sentido en el lugar de donde &eacute;l procede. En Europa cada gramo perdido en un gimnasio es un triunfo, pero en su lugar natal, cada gramo de energ&iacute;a que se consigue es un preciado tesoro que ser&iacute;a absurdo desperdiciar levantando pesas. </p><p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">La naturaleza le ha obsequiado con un f&iacute;sico privilegiado, pero al mismo tiempo ha hecho que comience la partida en el lado malo del tablero y con unas cuantas casillas de desventaja. Abedie cree que la naturaleza no es tan sabia como la gente afortunada va diciendo por ah&iacute;.</p><p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Est&aacute; dolorido, no ha descansado bien. Se pasa la mano por la grotesca cicatriz que recorre sus abultados abdominales, y piensa en que realmente est&aacute; vivo de milagro&hellip; m&aacute;s bien de milagros. Cuando ten&iacute;a un d&iacute;a de vida, decenas de seguidores del Presidente, unos hijos de puta con el est&oacute;mago y la cabeza demasiado vac&iacute;os y con los cargadores llenos, arrasaron su aldea porque alguien dijo haber escuchado proclamas revolucionarias. Sobrevivi&oacute;. A los doce a&ntilde;os, cuando su pa&iacute;s jugaba a la democracia por primera vez y tras un recuento electoral cuando menos dudoso, uno de los muchos exaltados que invadieron las calles le asest&oacute; un cuchillazo en pleno vientre sin ning&uacute;n motivo. El olor de la mierda escap&aacute;ndose de su propio intestino rajado por el machete, recorre miles de kil&oacute;metros y unos cuantos a&ntilde;os hasta llegar a su conciencia. El m&eacute;dico m&aacute;s cercano se encontraba a m&aacute;s de cincuenta kil&oacute;metros, por lo que tuvo que andar dos horas sujet&aacute;ndose las tripas hasta que pudo llegar a la caba&ntilde;a de una costurera. Sin anestesia y con la punta de la aguja redondeada por el uso, el trabajo no result&oacute; demasiado fino. A pesar de todo, sobrevivi&oacute;. Tras la muerte de su abuela y sin ning&uacute;n nexo de uni&oacute;n que le atara a la tierra de sus ancestros, decidi&oacute; que ya era hora de que algo cambiara, y se propuso acelerar la transformaci&oacute;n que estaba impresa en el c&oacute;digo gen&eacute;tico del status quo vigente. &Eacute;l lo sab&iacute;a; sab&iacute;a que ser&iacute;a as&iacute;, tal y como dec&iacute;an los libros&hellip; Se convenci&oacute; de que su destino no era pasarse el resto de la vida rezando para que el cielo regara la tierra y salvara una cosecha exigua, y as&iacute; emigr&oacute; a Europa; con una &uacute;nica idea en la cabeza. </p><p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Ya llevaba la malaria dentro cuando embarc&oacute; en el cayuco. Todos los dem&aacute;s tambi&eacute;n la ten&iacute;an. Hambre, fiebre, un sol abrasador, cuerpos vivos y muertos hacinados en una misma embarcaci&oacute;n y una sed indescriptible que impuls&oacute; a muchos a beber agua del mar hasta morir. Pero sobrevivi&oacute;, y lleg&oacute; a lo que para sus compa&ntilde;eros era el para&iacute;so. En cambio, para &eacute;l era s&oacute;lo la antesala de la tierra prometida. <span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></p>&nbsp;Se viste con tranquilidad. Elige para la ocasi&oacute;n un pantal&oacute;n de tactel que en alg&uacute;n momento fue azul marino y una camiseta del Real Madrid, por supuesto falsa. Exactamente el mismo conjunto que el d&iacute;a anterior. Abre la ventana para renovar el aire moribundo de la habitaci&oacute;n y gira el pomo de la puerta. En el sal&oacute;n, con una camisa blanca de tirantes con cercos amarillentos de sudor, se encuentra Isra. Est&aacute; sentado en un viejo sof&aacute; marr&oacute;n y apura una lata de cerveza. Es gordo, calvo y un xen&oacute;fobo militante, pero en cambio trabaja para Marcos, un colombiano que se gana la vida honradamente explotando a toda suerte de emigrantes que necesitan una cama donde caerse muertos. A buen seguro que Isra no se siente feliz rodeado de lo que considera un mont&oacute;n de escoria invasora y maloliente, pero trabajar de vigilante del piso se la pone dura. Eso le permite insultar, vejar e incluso golpear a diario a moros, negros y atagualpas, lo que de alguna manera, le desquita de todos los palos y humillaciones que recibi&oacute; durante su etapa escolar. A estas alturas nadie le puede negar que es mejor que acudir al psicoanalista. <p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&mdash;T&uacute;, moganbo, ha llamado el jefe &mdash;rebuzna en direcci&oacute;n a Abedie con una desagradable voz nasal&mdash;. Est&aacute;s de suerte. Alguien ha pagado y la cama es toda para ti. Vamos, un desperdicio tener ah&iacute; ese colch&oacute;n de puta madre vac&iacute;o mientras est&aacute;s degradando las calles con tu presencia, pero Marcos sabr&aacute; lo que hace. A veces pienso que Dios no reparti&oacute; neuronas m&aacute;s all&aacute; de la pen&iacute;nsula &mdash;dice mientras se hurga la nariz como si quisiera llegar a la cavidad vac&iacute;a que deber&iacute;a albergar su cerebro. </p><p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&mdash;&iquest;Y la se&ntilde;ora Celia? &mdash;pregunta Abedie sorprendido.</p><p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&mdash;Yo que co&ntilde;o s&eacute;, mogambo. &iquest;Me ves cara de adivino? Seguro que estar&aacute; en casa de alg&uacute;n pariente de esos que se sacan de la manga; la hostia, all&iacute; como no trabajan deben estar todo el d&iacute;a teniendo hijos. La largu&eacute; y punto &mdash;apura la cerveza y la deja junto a las dem&aacute;s latas vac&iacute;as que hay en una mesita cercana. Luego dedica todos sus recursos cognitivos a un programa de testimonios que est&aacute; emitiendo el destartalado televisor. El tema: &ldquo;mi vecino es alguien peligroso&rdquo;. Luego, de forma casi hipn&oacute;tica y sin apartar la vista de pantalla, dice: &mdash;se me olvidaba, han dejado ese sobre para ti. Tiene pasta, y m&aacute;s de la que un negro como t&uacute; podr&iacute;a ganar de forma legal. M&aacute;s te vale que no llegue a mis o&iacute;dos que est&aacute;s suministrando mierda a la gente decente de este pa&iacute;s, porque te mando a la selva de una patada en el culo &mdash;termina su esmerado discurso y se frota la nariz, sin duda echando en falta el tabique nasal que la coca&iacute;na que le sirve su jefe colombiano a contribuido a erosionar. </p>&nbsp;&nbsp; <p style="text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Un techo m&aacute;s o menos decente, tres mil euros en met&aacute;lico y la posibilidad de un trabajo digno. Eso es lo que le ofrece el misterioso remitente del sobre. Sentado en el vag&oacute;n, Mahamadou Abedie piensa en cu&aacute;nto necesita ese dinero y en cu&aacute;nto lo detesta. Si fuera religioso maldecir&iacute;a a Eva por haber mordido la jodida manzana obligando as&iacute; a la humanidad a tener que trabajar para vivir. Pero su mente atea le impide lanzar todas las culpas sobre el acto de una persona que no existi&oacute;, lo que sin duda habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s c&oacute;modo y menos desconcertante. Pero no, Abedie s&oacute;lo tiene fe en un proyecto laico; mesi&aacute;nico pero laico al fin y al cabo. No le queda m&aacute;s remedio que se&ntilde;alar a toda la raza humana y a su maldita naturaleza como culpables. El dinero es igual de malo que un tenedor, un autom&oacute;vil o el fuego; todo depende de c&oacute;mo lo use el hombre. Abedie no es tan ingenuo como para pensar que el homo sapiens puede llegar a vivir sin dinero; es m&aacute;s sensato creer que se puede cambiar aquello que nos hace funcionar err&oacute;neamente. Mientras que la gente sube y baja en la parada de Nuevos Ministerios, esboza una leve sonrisa y piensa en la enorme lucidez de su abuelo y en las par&aacute;bolas que le contaba junto a la hoguera. &Eacute;l siempre lo tuvo claro: <em>&ldquo;Hay que derruir los cimientos de las casas que se levantan torcidas, cueste lo que cueste.&rdquo;</em> <span>&nbsp;</span></p>&nbsp;El metro le sumerge en las oscuras entra&ntilde;as de Madrid rumbo a una cita con un desconocido, y Abedie lee una y otra vez la frase que hay escrita en el exterior del sobre: <em>&ldquo;Un fantasma recorre Europa&rdquo;.</em> <span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span>]]></description><pubDate>Tue, 04 Dec 2007 00:37:00 +0000</pubDate></item><item><title>2. BRAINSTORM</title><link>https://ardemadrid.blogia.com/2007/112701-2-brainstorm.php</link><guid isPermaLink="true">https://ardemadrid.blogia.com/2007/112701-2-brainstorm.php</guid><description><![CDATA[&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&ldquo;Y cuando el beb&eacute; de los cojones se caga encima m&aacute;s de la cuenta, entonces salta la alarma&rdquo;, dice el comercial.</p>&nbsp;&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Jaime se revuelve en el asiento, inc&oacute;modo. Tiene la idea, tiene la agencia y sabe que todo saldr&iacute;a bien. Pero la idea de un dispositivo electr&oacute;nico en un pa&ntilde;al que con toda seguridad acabar&aacute; h&uacute;medo, le resulta un tanto macabra.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Se reclina en el asiento. Se mesa los pelos de la perilla y se inclina hacia delante. Vuelve a reclinarse. La luz del ventanal incide sobre su mand&iacute;bula, resaltando su boca de depredador. Sus ojos, ocultos en las penumbras, destilan un hast&iacute;o apenas contenido, enmarcado por unas ojeras magn&iacute;ficas.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&ldquo;Pasemos lista. &iquest;Qu&eacute; os he colocado? Porque debemos admitirlo de una vez. No somos libres. Ni siquiera libres dentro de las opciones previamente acotadas. No pienses m&aacute;s que haces lo que haces porque quieres, porque no es cierto. No tienes lo que m&aacute;s te gusta. Tienes lo que yo quiero que tengas. Me re&uacute;no con personas fr&iacute;as e indiferentes que hablan de sus productos con m&aacute;s cari&ntilde;o del que profesar&iacute;an hacia sus madres. Yo desarrollo las estrategias, hablo con las personas adecuadas, ellos hacen su trabajo y lo siguiente en la cadena eres t&uacute; comprando lo que yo te he dictado. Me estremezco cuando tengo estas reflexiones porque, a&uacute;n cuando esto que confieso es por todos sabido, no por vieja la mentira es menos efectiva. Todos ca&eacute;is, quiz&aacute; porque en el fondo os cre&eacute;is excepcionales. No os culpo; yo no dejo de ser uno m&aacute;s. Conozco los mecanismos y conozco a mis semejantes. Compartimos t&eacute;cnicas y rumores. Y a&uacute;n as&iacute;, hace un mes me compr&eacute; uno de esos CNX. El modelo W7. Ese modelo del que, seg&uacute;n se dice, los frenos dejan de funcionar, con un &iacute;ndice de probabilidad del 74%, una vez superados los 5.000 kil&oacute;metros. S&eacute; esto, y por m&aacute;s que me odie, no me importa. Ni lo m&aacute;s m&iacute;nimo. </p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">A&uacute;n a pesar de este otro dato: En la bandeja de CD del W7 llevo el compact de ShitSound. Realmente, no est&aacute; grabado por ellos, sino por su productor. Y, la verdad, admitir que cuando me estrelle con un coche defectuoso probablemente estar&eacute; tamborileando en el volante los ritmos de un grupo prefabricado, resulta demasiado deprimente.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Pero a&uacute;n as&iacute;, lo admito, no me detengo, co&ntilde;o. Os he vendido &ldquo;Master&acute;s&rdquo;, esos potitos infantiles que contienen<span>&nbsp; </span>un &iacute;ndice gluc&eacute;mico tan elevado que los beb&eacute;s no tardan en empezar a subirse por las paredes. &ldquo;Pace&rdquo;, &iquest;los record&aacute;is? Snacks salados en bolsa de tama&ntilde;o familiar, aderezados sabiamente con formaldeh&iacute;do, en dosis adecuadas tan peligroso como el cianuro o el ars&eacute;nico.<span>&nbsp; </span>Invent&eacute; la etiqueta de &ldquo;Precio especial&rdquo; para los filetes congelados &ldquo;Max&rdquo;, y nadie me pregunt&oacute; jam&aacute;s por qu&eacute; era especial el precio. Coordin&eacute; los rodajes simult&aacute;neos de los spots de dos variantes distintas de espuma de afeitar. La normal est&aacute; bien. La &ldquo;tipo gel&rdquo; provee a&uacute;n hoy a las consultas de dermatolog&iacute;a de pacientes. Produzco cu&ntilde;as radiof&oacute;nicas para una cadena americana de restaurantes muy conocida. En la &uacute;ltima de ellas, acept&eacute; introducir, por petici&oacute;n expresa del subdirector espa&ntilde;ol de la empresa, una alusi&oacute;n subliminal e insultante (que no conviene detallar) a su ex-mujer. Al parecer, la mujer se quit&oacute; la vida, presumiblemente por ese motivo. La hija de ambos es hoy en d&iacute;a encargada de una de las sucursales.&rdquo;</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">El comercial ha aprovechado el momento de reflexi&oacute;n ausente de Jaime para flirtear descaradamente con Patricia, su compa&ntilde;era. Aunque flirtear no es la expresi&oacute;n adecuada. Lo que realmente est&aacute; pasando es que su compa&ntilde;era, Patricia, est&aacute; mirando fijamente la boca de Jaime mientras Alfonso, el comercial, est&aacute; devorando visualmente el escote de Patricia. Jaime vuelve a inclinarse hacia delante y se pasa la mano por la frente ligeramente sudada. Dice: &ldquo;Hombre, tambi&eacute;n es verdad que no es lo mismo un beb&eacute; gordo electrocut&aacute;ndose que un beb&eacute; delgado electrocut&aacute;ndose&rdquo;.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Alfonso dice: &ldquo;No nos pongamos en lo peor&rdquo;. Y Patricia dice: &ldquo;&iquest;Eh?&rdquo;.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Jaime se pasa la mano por la cara, de arriba a abajo. Permanece ausente, de nuevo, por un instante. Bebe agua, se reclina otra vez m&aacute;s y con una voz que es la Voz de la Resignaci&oacute;n dice: &ldquo;Tengo la idea para el spot. Pero evitaremos la luz estrobosc&oacute;pica&rdquo;.</p>]]></description><pubDate>Tue, 27 Nov 2007 15:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>1. CAMA CALIENTE</title><link>https://ardemadrid.blogia.com/2007/112001-1-cama-caliente.php</link><guid isPermaLink="true">https://ardemadrid.blogia.com/2007/112001-1-cama-caliente.php</guid><description><![CDATA[<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Un hombre necesita dormir ocho horas. Un d&iacute;a tiene veinticuatro. El c&aacute;lculo es sencillo: haciendo turnos en una misma cama pueden dormir tres personas. Es la cama caliente. </p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&nbsp;</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Mahamadou Abedie espera en el pasillo a que la se&ntilde;ora Celia deje libre la habitaci&oacute;n. Se trata de una dominicana de setenta a&ntilde;os con los huesos carcomidos por el reuma. Apenas se tiene en pie y los dioses saben que a Abedie se le parte el coraz&oacute;n al despertarla cada ma&ntilde;ana, pero no puede hacer nada. Necesita ese maldito colch&oacute;n impregnado de sudores de diferentes cuerpos para tirarse a dormir. Son las ocho de la ma&ntilde;ana y hace dos horas que sali&oacute; de trabajar. Como cada d&iacute;a ha estado haciendo tiempo dando vueltas en la l&iacute;nea circular del metro, resguard&aacute;ndose del fr&iacute;o de la calle y pegando cabezadas en el interior de un abarrotado vag&oacute;n. Las normas dicen bien claro que nadie puede entrar en el piso antes de que empiece su turno, y los matones del se&ntilde;or Marcos, el casero, se encargan de traducir las reglas a todos los idiomas.<span>&nbsp; </span></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal"><span></span></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">La puerta se abre y sale la se&ntilde;ora Celia con sus movimientos renqueantes y el rostro negro surcado de arrugas. Como si andara descalza sobre cristales rotos, cada paso parece una tortura para la mujer, y tarda una eternidad en recorrer los cinco metros que la separan del aseo. Abedie entra en la habitaci&oacute;n sinti&eacute;ndose culpable por obligar a la anciana a irse a la calle. El dormitorio es peque&ntilde;o, con las paredes desnudas y pintadas de blanco. El aire est&aacute; denso, viciado por el di&oacute;xido de carbono salido de demasiados pares de pulmones. Junto a la cama se encuentra una peque&ntilde;a mesilla con un despertador y cerca de la ventana hay tres grandes taquillas de chapa y un espejo alargado. No se ve ning&uacute;n objeto que personifique el espacio, que le de identidad, ning&uacute;n p&oacute;ster, ninguna foto. Es una habitaci&oacute;n donde la gente viene y va, entra y sale para dormir sin dejar nada suyo a la vista. En las casas que adem&aacute;s son hogares, las personas utilizan los dormitorios como reductos de intimidad,<span>&nbsp; </span>pero este lugar es diferente. Es un simple cubil donde los que est&aacute;n realmente jodidos cumplen con el tr&aacute;mite c&iacute;clico de dormir. Nada m&aacute;s. </p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">&nbsp;</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: justify" class="MsoNormal">Abedie se desviste a toda velocidad. Guarda la ropa en su taquilla y se deja caer en la cama a&uacute;n caliente. El colch&oacute;n es blando y los muelles del somier suenan ante el m&aacute;s leve movimiento, pero es mejor que pernoctar en la calle. Est&aacute; cansado, muy cansado, pero no consigue dormir bien desde que est&aacute; en Europa, y el saber que tiene que darse prisa en conciliar el sue&ntilde;o no le ayuda en absoluto. Dentro de menos de ocho horas, un pakistan&iacute; cuyo nombre desconoce estar&aacute; llamando a la puerta para reclamar lo que le corresponde. Antes de que acabe esa misma jornada tendr&aacute; que volver a una de las incontables obras que trabajan veinticuatro horas al d&iacute;a en Madrid. Cumplir&aacute; con su papel de pe&oacute;n en el imparable juego de la especulaci&oacute;n inmobiliaria. Seguir&aacute; levantando casas que nunca jam&aacute;s, ni el mejor de sus sue&ntilde;os, podr&aacute; pagar, y lo har&aacute; a cambio de un salario miserable y con la esperanza de conseguir alg&uacute;n d&iacute;a los papeles. Hasta entonces seguir&aacute; siendo un ilegal&hellip; Un nadie que no existe.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.3pt; line-height: 150%; text-align: center" class="MsoNormal" align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Tue, 20 Nov 2007 18:18:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
